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Adolescentes

Los padres estamos preocupados por el consumo de alcohol y drogas, por las muestras de violencia, el acoso escolar (bullying), los horarios y los diversos excesos. Algunos dijeron cosas sensatas, como que sus hijos están pidiendo límites a gritos, que los antros les están ganando la batalla y que, también, se debe formar a los padres.  

  

 

El lunes pasado, la sección Vida del periódico El Norte,  nos informó que algunos padres de familia de colegios privados, se reunieron con el objeto de integrarse a un frente común para ver cómo pueden cambiar las conductas antisociales de sus hijos. 

Varios representantes de los colegios American School Foundation, Colegio Inglés, CECVAC, Himalaya, Irlandés, Instituto Anglia, Instituto San Roberto, Instituto Franco Mexicano, Liceo de Monterrey y el Colegio Alfonsino se reunieron en un domicilio particular para estudiar cómo pueden mejorar las cosas. 


Es obvio que no son los niños y los jóvenes los únicos responsables de su comportamiento; si los adultos a su alrededor no los corrigen desde pequeños y no los acompañan en su crecimiento, los chavos no adivinan qué se espera de ellos. 

Ojalá esta asociación funcione, pero un cambio de comportamiento es difícil de lograr y para conseguir que los hijos vuelvan "a tener valores y dejen de ser consumistas", los padres podrían, entre otras cosas: 
 
Dejar de competir entre sí por el tamaño de la casa, los decoradores, los viajes, los autos de lujo, la ropa y los accesorios de diseñador.

Comprar a sus hijos la ropa que necesitan no sólo ropa y zapatos de marca. Explicarles que usarlos no los hace mejores que quienes no pueden pagarlos. 

Darles carro sólo hasta su mayoría de edad y nunca darles uno de lujo. La vida de todos está en riesgo y cuantos chavitos vemos jorroteando por las calles sin responsabilidad ¿Quien les dió ese auto?

Respetar a los maestros y en general a la autoridad, nunca decir a sus hijos que ustedes pagan a los maestros "pobres diablos" y que éstos no los deben regañar ni exigir y ¡menos! castigar o reprobar. 

No fomentar la rivalidad con otros colegios o grupos. Nunca llevarlos a las áreas de los centros comerciales en donde se reúnen para diferenciarse.

Dejar de repetir que quien vive en un área reconocida de gente más pudiente, es mejor que quien vive fuera de ésta. Relacionarlos con niños de otros colegios y de otras colonias. 

No comprarles todo lo que pidan. Su consumismo los lleva a tener todo en exceso.

Si son menores de edad, estar al tanto de lo que ven y hacen en la computadora.

Buscar formas de convivir en familia: tener una sola tele en la casa para para evitar que cada quien se aísle en su recámara, 
procurar que toda la familia se reúna a comer o a cenar, por lo menos, una vez a la semana, no permitir aparatos en la mesa de jueguitos, ni teléfonos celulares.

Tratar al personal de servicio doméstico con respeto y a todo aquel que nos brinde un servicio: en gasolineras, restaurantes y demás sitios públicos como las personas que son, no como esclavos que deben hacer lo que se nos antoje.

Dejar de hacer ostentación de su riqueza en los bautizos, primeras comuniones, confirmaciones y bodas; eso enseña los hijos a fijarse en el lujo y las apariencias, mientras pierden el significado de la celebración.

Enseñarles que al templo o iglesia se va a dar gracias, a reflexionar y tratar de entender y reconocer valores, no a lucirse ni a viborear. 

Enseñarles que no todos los problemas se resuelven con dinero y palancas.

Si ya tienen edad, discutir con ellos, honestamente, su sexualidad (aunque les cueste trabajo).

Educarlos para que no sean jueces implacables. Juzgan con excesiva facilidad, como si sus puntos de vista o sus creencias fueran las únicas válidas, enseñarles que hay otras formas de vida, de ser, de creer y de actuar y que la suya es sólo una entre muchas, no la única.

Las señoras deben renunciar a uniformarse en cuanto a sus camionetas y a su atuendo. 

Fomentar las reuniones en casas particulares en vez de antros y estar pendientes de cómo se comportan.

¿Quieren que sus hijos recuperen los valores? Fortalézcanlos para, llegado el momento, no teman separarse del montón y asuman la responsabilidad de todos sus actos. 

Hay algunos ejemplos maravillosos de padres y jóvenes, ellos y ellas, muy ricos y muy educados. Son modestos, sencillos, respetuosos y solidarios. Pero otros muchos padres sienten la necesidad de demostrar su dinero, su mal gusto y su prepotencia. Y de ahí lo aprenden los hijos.

 
Invito a todas las abuelas, abuelos, padres y madres y  a quien quiera unirse a que formemos una cadena o campaña perpetua para que se de este cambio tan necesario en nuestro mundo. 

Sobre la importancia de formar bien a los hijos
Mi mamá se llama Pedro

 

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