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Los expertos advierten sobre los posibles efectos de la co infeccion Influenza - COVID 19

 

Se acerca el invierno, y con su llegada aumentan la preocupación e incertidumbre de cómo se comportará la pandemia de COVID-19 en el hemisferio norte, ahora acompañada de otros virus respiratorios, como influenza y virus sincitial respiratorio, dengue, entre otros. Aunque cada día aprendemos más acerca de COVID-19, todavía hay mucho por conocer de su interacción con otros virus.

Desde el mes de marzo el hemisferio sur del planeta estaba listo para enfrentar la temporada de influenza, mientras luchaba con la pandemia de COVID-19. Sin embargo, la temporada fuerte que se esperaba de influenza nunca llegó. Múltiples países tuvieron disminución del número de casos de influenza estacional, en comparación con temporadas de invierno de años previos.

El subregistro de casos siempre puede ser un factor contribuyente, ya que la pandemia de COVID-19 evitó que muchas personas con otros padecimientos buscaran atención médica. Además, la prioridad de realizar pruebas diagnósticas alrededor del mundo se dio a COVID-19. Sin embargo, es muy probable que las medidas de salud pública, como lavado de manos, mantener distancia social y uso de cubrebocas, hayan desempeñado un papel importante en disminuir la transmisión de influenza.

En países del Caribe y Centroamérica prácticamente no se han reportado casos de influenza y países sudamericanos, africanos y del sudeste asiático han tenido detecciones esporádicas de influenza estacional.

Alrededor del mundo se han informado menos casos de influenza, en comparación con años previos, siendo la influenza tipo A estacional la que representó la mayoría de detecciones. Mientras pacientemente esperamos la llegada del invierno, el hemisferio norte del planeta espera correr con la misma suerte en los siguientes meses. En este momento la pregunta es: ¿Qué podemos hacer para prevenir un aumento de casos acelerado de ambas infecciones?

Realizar pruebas diagnósticas para ambas infecciones

La influenza estacional y COVID-19 son enfermedades respiratorias contagiosas provocadas por virus diferentes. Sin embargo, la presentación clínica de ambos padecimientos puede ser muy similar, por ejemplo: presencia de fiebre, tos, disnea, dolor de garganta, cefalea, mialgias e incluso diarrea. Un síntoma que podría ser de utilidad para diferenciarlos consiste en los cambios o pérdida de olfato o gusto, característicos de COVID-19.

En los siguientes meses, en países como México comenzaremos a ver casos de ambas infecciones simultáneamente, por lo que es importante considerar esto, y realizar la prueba para ambas infecciones en pacientes que presenten síntomas difíciles de distinguir, ya que actualmente contamos con una terapia antiviral aprobada para influenza: oseltamivir.

Identificar los casos activos de influenza nos permitirá brindar tratamiento.

Vacunación contra influenza

La llegada de otoño-invierno ha atraído nueva atención a las vacunas contra la influenza para disminuir el número de casos y mantener bajas las admisiones hospitalarias, mientras los sistemas de salud enfrentan la pandemia de COVID-19.

De acuerdo con el reporte GOALKEEPERS 2020, realizado por la Fundación Gates, hay evidencia de que COVID-19 ha disminuido alrededor del mundo la vacunación; en el caso de México, la tendencia a la vacunación es hacia la baja desde 2010.

Ahora más que nunca es importante promover la inmunización contra influenza, recordando que es una vacuna intramuscular inactivada que se debe aplicar en toda persona mayor de 6 meses de edad, a menos de que exista contraindicación a la vacuna. Se debe ofrecer (si se tiene disponible) a todos los pacientes, dando prioridad a quienes se encuentran en riesgo elevado de tener un cuadro grave de influenza, como embarazadas, personas mayores de 65 años y pacientes con obesidad y enfermedades crónicas.

Actualmente los fabricantes de la vacuna de influenza, incluyendo GlaxoSmithKline y AstraZeneca, han anunciado aumento en la producción para la temporada 2020-2021, esperando entre 194 y 198 millones de dosis. La vacunación contra influenza será de suma importancia para disminuir el impacto de enfermedades respiratorias y, por tanto, aminorar la carga de enfermedad resultante a los sistemas de salud durante la pandemia de COVID-19.

Medidas de salud pública

La infección tanto de COVID-19 como de influenza puede darse entre personas que están en contacto cercano; ambas enfermedades se propagan principalmente a través de gotas que se liberan cuando una persona tose, estornuda o habla; estas gotas pueden terminar en la boca o en la nariz de individuos que se encuentren cerca de una persona enferma, de ahí surge la relevancia de mantener distancia de al menos 2 metros, para disminuir la posibilidad de esta forma de transmisión. Asimismo, el uso de cubrebocas evitará que estas gotas expulsadas por un enfermo ingresen a nariz y boca de otros sujetos.

También existe posibilidad de contagio a través de contacto físico (dar la mano, saludar de beso) o tocar superficies u objetos contaminados con virus y luego tocarse boca, nariz y ojos, por lo que es relevante implementar el hábito de no tocarse la cara, usar cubrebocas en todo momento en espacios públicos, y lavado constante de manos o uso de alcohol gel.

Es importante evitar lugares cerrados, con muchas personas; hay que recordar que COVID-19 genera más casos de súpercontagiadores que la influenza, lo que significa que COVID-19 puede diseminarse rápida y fácilmente, y generar propagación continua entre personas a medida que el tiempo avanza.

Es importante recordar que tanto influenza como COVID-19 pueden propagarse a otras personas aun cuando el enfermo no tiene síntomas o estos son muy leves. Por esta razón debemos mantenernos alerta en todo momento, seguir las recomendaciones de prevención, interiorizarlas y volverlas naturalmente parte de nuestra vida diaria.

La temporada de influenza viene en camino, sin embargo, está en nuestras manos el impacto que esta enfermedad tenga en nuestro país; también es importante promover la vacunación de influenza en nuestros pacientes y reforzar más que nunca las medidas de salud pública que pueden romper la cadena de transmisión de ambas enfermedades.