Los cigarrillos electrónicos emiten substancias tóxicas para el usuario activo y pasivo
![]()
El cigarrillo electrónico o vaporizador representa un riesgo menor que el cigarrillo tradicional, pero datos de una investigación reciente indican que su uso no es inocuo. Incluso los que no son usuarios directos están expuestos a niveles importantes de toxinas.[1]
Las tasas de emisión de compuestos potencialmente dañinos son variables, por lo que se podría informar a los usuarios qué vaporizadores y voltajes elegir para minimizar los efectos negativos.
Aerosol invisible
La creencia habitual es que los cigarrillos electrónicos no generan emisiones nocivas, por lo que, en teoría, no habría consecuencias de su uso en interiores. Si bien en algunos países no está permitido su uso en lugares cerrados, la prohibición generalmente no está basada en datos sobre la emisión de substancias volátiles y sus efectos sobre la salud humana; al contrario, está basada en la falta de ellos.[2,3]
Coloquialmente se habla que los cigarrillos electrónicos generan vapor, pero lo que en realidad producen es un aerosol, del cual el usuario inhala la mayor parte. Sin embargo, el aerosol también puede difundirse alrededor del usuario, ya sea por pequeñas fugas al final de cada inhalación o por la propia exhalación voluntaria del usuario. En ambos casos, el aerosol contiene substancias tóxicas residuales que pueden afectar a no-usuarios cercanos, por lo que existe una preocupación por la exposición secundaria.
Anteriormente, en el año 2016, un grupo internacional de investigadores liderados por el Dr. Hugo Destaillats, del Lawrence Berkeley National Laboratory, en California, Estados Unidos, determinó que el líquido usado en estos dispositivos emitía 31 compuestos volátiles al ser convertido en aerosol, de los cuales al menos nueve se consideran tóxicos (formaldehído, acetaldehído, acroleína, diacetilo, acetol, glicidol, nicotina, nicotirina y benceno).[4]
En el nuevo estudio, publicado en el número de agosto de Environmental Science & Technology, el mismo grupo calculó la exposición a los compuestos tóxicos por parte de usuarios y fumadores de segunda mano (o pasivos) en dos escenarios hipotéticos, la casa y el bar.
Para el primer escenario, los investigadores simularon un ambiente residencial de 186 metros cuadrados, en el que un no-usuario vive con un usuario que está en casa la mayor parte del tiempo. Para el segundo escenario, se consideró un bar que permite fumar cigarrillos electrónicos dentro del establecimiento. número de usuarios importante para el tamaño del establecimiento, mediante la evaluación de tres parámetros: 1) espacio interior de 350 − 2500 m3; 2) tasa de intercambio de aire (0,6 – 6,5 h−1); y 3) un patrón promedio de usuarios (3,3 − 13 usuarios por hora). En ambos casos, la tasa de intercambio de aire estaba definida y se asumió un volumen respiratorio de 15 m3 por día.
Para el estudio se consideraron usuarios que daban 250 inhalaciones por día y para la evaluación se consideraron tres regímenes de consumo: sesiones cortas y frecuentes (25 sesiones por día, de 10 inhalaciones cada una), sesiones intermedias (10 sesiones por día, de 25 inhalaciones cada una) y sesiones infrecuentes y largas (5 sesiones por día, de 50 inhalaciones cada una).
Los investigadores simularon la actividad de dos dispositivos, uno que se ofrece por internet como ideal para principiantes (eGO CE 4 single-coil vaporizer), y otro más sofisticado (Kangertech Aerotank Mini dual-coil), con tres líquidos diferentes (Apollo Classic Tobacco, Drip Mojito Mix y Drip Bubblicious).
Víctor Nahuel Montesinos
"Se comenzó por el dispositivo para principiantes, porque al inicio de los estudios era el más barato, popular y se conseguía en todos lados. El dispositivo más sofisticado fue seleccionado porque en los foros, la gente lo destacaba como más suave para el usuario", dijo a Medscape en Español Víctor Nahuel Montesinos, doctor en química e investigador adjunto del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), en Argentina.
Pero estos cigarrillos electrónicos presentaban otra particularidad interesante el dispositivo sofisticado operaba a menores temperaturas en comparación con el dispositivo para principiantes al mismo voltaje (3,8 voltios) y al aumentar el voltaje a 4.8 voltios, las emisiones de tres compuestos tóxicos (formaldehído, acetaldehído y acroleína) en el dispositivo para principiantes aumentaron en un orden de magnitud. Sin embargo, esta diferencia no fue observada para la nicotina.
Los tres líquidos usados emitieron concentraciones similares de compuestos tóxicos. "Si bien podrían regularse las fórmulas para reducir la presencia de compuestos tóxicos que se usan como saborizantes, la principal carga tóxica está probablemente asociada a la descomposición térmica de subproductos de los principales constituyentes, propilenglicol y glicerina", concluyen los investigadores.
En los cálculos para el escenario de la casa, las concentraciones de tóxicos en el aire que serían emitidos por el cigarrillo electrónico excedían los niveles recomendados [5] únicamente cuando se utilizaba el dispositivo para principiantes con 4,8 voltios. En ese escenario extremo, las concentraciones de compuestos tóxicos alcanzaban hasta 12 mg/m3 de formaldehído y 2,6 mg/m3 de acroleína.
En el escenario del bar, el dispositivo para principiantes con 4,8 voltios también emitía concentraciones de compuestos tóxicos que rebasaban las regulaciones: el formaldehído alcanzó una media de 135 mg/m3 y la acroleína de 28 mg/m3. En algunos bares, las concentraciones de benceno y diacetilo fueron cercanas las concentraciones límite establecidas por las regulaciones.
Lo más importante fue que en la simulación de los bares, con regímenes de uso de cigarrillo bajo y emisiones bajas, los valores de formaldehído y acroleína superaban los niveles de exposición de referencia para períodos de 8 horas. Al efectuar un uso más intenso, se superaban también los niveles de exposición de referencia para períodos para una hora.
Esto no necesariamente representa un escenario real, advierte el Dr. Montesinos. "Como la manufactura no está del todo regulada, la variabilidad es muy grande. Las baterías en sus inicios eran del rango más alto, que son las que utilizamos en el estudio (4,8 voltios). Pero con el tiempo se buscaron [de menor rango], porque [los clientes] se quejaban de que el aire caliente les secaba la garganta", dijo el Dr. Montesinos.
Estos resultados indicarían que en los bares donde está autorizado el uso de cigarrillo electrónico o "vapeo" en lugares cerrados, además de afectar en algunos casos a los clientes no-usuarios, puede haber exposición ocupacional significativa. Estos aldehídos volátiles irritan los ojos, la piel y el sistema respiratorio. El formaldehído y acetaldehído están catalogados como posibles carcinogénicos, en la categoría 1 y 2B de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), respectivamente.[5]
Para evaluar el potencial efecto sobre la salud humana utilizaron los años de vida perdidos ajustados por discapacidad(AVAD), una medida utilizada por la OMS que permite tomar en cuenta la morbilidad y la mortalidad en un mismo parámetro, por lo que es una medida de carga de la enfermedad que incorpora la posibilidad de enfermar y la severidad. Los años de vida perdidos ajustados por discapacidad se calcularon en base a las estimaciones de exposición y los factores de daño derivados de las substancias tóxicas presentes, siendo que el 75% del daño proviene de acroleína y 21% de formaldehído. En el peor escenario (dispositivos usados con alta frecuencia y alto voltaje) la reducción de esperanza de vida medida en años de vida perdidos ajustados por discapacidad era, en hogares y bares, comparable a la de fumadores pasivos de tabaco convencional (de segunda y tercera mano).
Recomendación al usuario
Los productos varían mucho de un país a otro y de un año al otro, pero los criterios generales para reducir la exposición son: "Voltajes lo más bajos posibles, temperaturas de vaporización lo más bajas posibles, y dejar pasar el mayor tiempo posible entre [inhalaciones] para permitir que la resistencia se enfríe", resume para Medscape en Español Hugo Destaillats, doctor en fisicoquímica y líder argentino de la investigación. Ya existen dispositivos que tienen una pantalla y se es posible controlar la temperatura de vaporización.
Hugo Destaillats
Si bien el estudio predice que las emisiones contienen diferentes niveles de substancias tóxicas dependiendo de la elección del vaporizador, el voltaje y los hábitos, el uso actual de estos dispositivos de consumo de nicotina es muy controvertido.
"No hay un consenso general entre los especialistas", destaca el Dr. Destaillats. "En el Reino Unido, por ejemplo, las autoridades de salud directamente recomiendan el uso de [cigarrillos electrónicos] para reemplazar a los cigarrillos convencionales y mejorar la calidad de vida de [los] fumadores. La Unión Europea y Estados Unidos no van tan lejos. Las autoridades de salud de Estados Unidos (la FDA) establecen medidas destinadas a evitar que los jóvenes se inicien en el tabaquismo con estos dispositivos. La Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica en Argentina tiene una posición más extrema que la FDA y los europeos: directamente los prohíbe". Otros países prohíben su venta, pero no su uso.
Lo que este nuevo trabajo informa es que la exposición a los aerosoles del cigarrillo electrónico tendría un impacto menor que el humo del cigarrillo convencional, pero no es nulo. Por otro lado, no necesariamente se repetirá la historia epidemiológica del tabaco. Además de las partículas que se encuentran en el aerosol de los cigarrillos electrónicos, existen evidencias recientes que indican que en el aerosol se encuentran altas concentraciones de nanopartículas metálicas, cuyos efectos en el organismo humano aún se desconocen.[6]
Los detractores se quejan de que el cigarrillo electrónico destruye décadas de progreso en el control del tabaquismo. "Es un debate muy interesante en el que aún no estamos en posición de tomar una postura terminante, pero claramente hay muchos 'grises'", reconoció el Dr. Destaillats.
1. Logue JM, Sleiman M, Montesinos VM, Russell ML, y cols. Emissions from Electronic Cigarettes: Assessing Vapers’ Intake of Toxic Compounds, Secondhand Exposures, and the Associated Health Impacts. Environ Sci Technol. 15 Ago 2017; 51(16):9271-9279. doi: 10.1021/acs.est.7b00710. PMID: 28766331. Resumen
2. Drummond MB, Upson D. Electronic cigarettes. Potential harms and benefits. Ann Am Thorac Soc. Feb 2014;11(2):236-42. doi: 10.1513/AnnalsATS.201311-391FR.
3. Hess IMR, Lachireddy K, Capon A. A systematic review of the health risks from passive exposure to electronic cigarette vapour. Public Health Res Pract. 15 Abr 2016;26(2):e2621617. doi: 10.17061/phrp2621617. PMID: 27734060.
4. Sleiman M, Logue JM, Montesinos VN, Russell ML, y cols. Emissions from electronic cigarettes: Key parameters affecting the release of harmful chemicals. Environ Sc. Technol. 6 Sep 2016; 50(17): 9644−9651. doi: 10.1021/acs.est.6b01741. PMID: 27461870. Resumen
5. Office of Environmental Health Hazard Assessment (OEHHA). OEHHA Acute, 8-hour and Chronic Reference Exposure Level (REL) Summary. Publicado el 28 de junio de 2016. Consultado el 12 de septiembre de 2017. Disponible en: https://oehha.ca.gov/air/general-info/oehha-acute-8-hour-and-chronic-reference-exposure-level-rel-summary
6. International Agency for Research on Cancer, World Health Organization. IARC Monographs on the Evaluation of Carcinogenic Risk to Humans. Consultado el 12 de septiembre de 2017. Disponible en: http://monographs.iarc.fr/ENG/Classification/latest_classif.php
7. Mikheev VB, Brinkman MC, Granville CA, Gordon SM, Clark PI. Real-Time Measurement of Electronic Cigarette Aerosol Size Distribution and Metals Content Analysis. Nicotine Tob Res. 1 Sep 2016;18 (9):1895-1902. doi: 10.1093/ntr/ntw128. PMID: 27146638.