Cuando Pasteur descubre que las bacterias eran la causa de las infecciones se abrió una nueva esperanza para el ser humano en su lucha contra la enfermedad y la muerte. Ya sabíamos quién nos mataba, ahora solo había que saber cómo vencer a nuestro enemigo. Y se desarrollaron los antibióticos.
Pero no ganamos la guerra porque empezábamos también a darnos cuenta de que entres más antibióticos usábamos más resistentes se volvían a ellos algunos tipos de bacterias, mutaban y se adaptaban. Se hacían más fuertes.
Y fue otro científico de la época, Bernard, el que dio la respuesta a este conflicto al entender que frente a las infecciones “el patógeno no es nada; el terreno lo es todo”.
La solución definitiva ante las infecciones no consiste en fabricar antibióticos cada vez más fuertes, por dos razones. Una porque las bacterias han demostrado tener una capacidad casi infinita de adaptarse a cualquier cosa. Y dos porque nosotros también hemos demostrado lo vulnerables que somos frente a los propios medicamentos que desarrollamos para combatir la enfermedad.
Hay que recordar que la tercera causa de muerte intrahospitalaria en EEUU, tras las enfermedades cardiovasculares y el cáncer, son las interacciones medicamentosas.
Y todo esto tiene que ver, por supuesto, con la manera en la que los medicamentos homeopáticos combaten las infecciones, modulando el terreno de cada paciente, estimulando y actuando sobre nuestros propios sistemas de defensa frente a los microorganismos. Cuando superamos una infección con un tratamiento homeopático es nuestro propio sistema inmunológico el que vence al invasor. Son nuestras defensas las que cada vez son más fuertes, no las bacterias.
Por supuesto que también los antibióticos deben ser medicamentos con los que contar en caso de infección. Pero no es mucho más lógico contar siempre que podamos con nuestras propias fuerzas y dejar a los antibióticos para situaciones de verdadera necesidad. Así, nuestras defensas cada vez serán más eficaces y los microorganismos serán cada vez más vulnerables. Esta sí que me parece una buena estrategia frente a las infecciones y sin los efectos secundarios de los antibióticos sobre nuestro propio organismo.